¿Cómo incorporar la actividad física a nuestra rutina?

La médica internista certificada en alimentación deportológica Mercedes Dabat nos esclarece las dudas más frecuentes sobre este tema y nos explica por qué deberíamos decirle adiós a un estilo de vida sedentario.
Por M. de las Mercedes Dabat.

En nuestro país, los trastornos cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte. Según el último informe del Ministerio de Salud, en los últimos años se dio un aumento del sobrepeso en la población en general, que estuvo relacionado con dos factores de riesgo cardiovascular: una mala alimentación y el sedentarismo. ¿Cómo lo encaramos? En primer lugar, hagamos hincapié en la actividad física, pero no como una moda pasajera: lo verdaderamente importante es incorporar hábitos saludables.

Cuando hablamos de actividad física, todos imaginamos que significa hacer ejercicios, rutinas de gimnasio, correr, nadar o hacer pilates. En realidad, ¡se trata de todo movimiento que realicemos! Cuando los especialistas indicamos a nuestros pacientes que efectúen actividad física para mejorar los factores de riesgo cardiovascular, nos referimos a un tipo de movimiento que implica un gasto extra de energía. ¡Aquí comienzan las dudas, las preguntas y los mitos! Veamos algunos ejemplos:
 
 

¿Todos podemos realizar actividad física?

 
Sí. Obviamente, si existe una condición patológica subyacente -como insuficiencia cardíaca, renal o se padeció un accidente cerebrovascular en alguna oportunidad, entre otras- se debe conversar con el médico y fisioterapeuta para adaptarla a su condición.


¿Cuánta actividad física debemos realizar y de qué tipo?


Por recomendación de distintas entidades científicas, es indicado comenzar con caminatas de 30 minutos, tres veces por semana, a ritmo tranquilo… ¡sin ver vidrieras! Luego, lo óptimo sería llegar a las cinco veces por semana. A medida que pase el tiempo, podríamos ir aumentando la intensidad y empezar a realizar otras actividades.


¿Qué es preferible: gimnasio o actividad al aire libre?


Todo depende del gusto, de los horarios y de la disponibilidad de espacio que tenga el paciente. Podríamos considerar más motivador caminar en un parque que en una cinta, ¿no? Pero si las condiciones domiciliarias o las posibilidades laborales solo permiten rutinas de gimnasio o en el hogar,¡bienvenidas sean!

 

 


¿Cómo mantener la motivación en el gimnasio a largo plazo?


En primer lugar, todo circuito debería tener una meta que vaya siempre de menor a mayor. Las pautas varían según el objetivo: la rutina que deberá realizar un deportista amateur que desea prepararse para una competencia no puede ser la misma para una joven que quiere tonificar sus músculos. Y algo importante a tener en cuenta es que no es aconsejable que los niños menores de 15 años efectúen tareas de musculación o de levantamiento de pesas. Es necesario que todo ingreso al gimnasio sea avalado por un adecuado certificado médico en el que conste el estado actual del paciente y cómo se debería trabajar con él. La gran desventaja del gimnasio es que, si no se suplementa con alguna actividad grupal, puede tornarse rutinario, muchas veces no se notan cambios y se lo termina abandonando.


¿Las mujeres embarazadas pueden realizar actividad física?

 
Sí, siempre que no nos encontremos con un embarazo de alto riesgo. Se recomiendan ejercicios de postura y de fortalecimiento de musculatura paravertebral, perineal y pelviana con instructores especializados.


¿Cambia la composición corporal con la actividad física?

 
Según distintos estudios, mediante pruebas de antropometría –que consisten en mediciones de talla y peso, entre otras variables- se observó que la composición corporal puede ser modificada por el tipo de nutrición pero, sobre todo, por cambios en la actividad física y en el gasto de energía. Toda dieta tiene un momento de meseta: el paciente deja de bajar de peso y se aplana la curva. Para desnivelarla, se aconseja un cambio de rutina en la actividad física. Esto ayudará a inclinar la balanza a nuestro favor e, incluso, a aumentar la masa muscular magra.


Entonces, ¿qué se recomienda para tener una vida saludable?

 
Debemos aconsejar un estilo de vida activo: el paciente puede decirnos que camina mucho durante el día, ¡pero eso no es más que su vida cotidiana! Hay que adicionar otro tipo de movimientos que sí van a influenciar sobre su salud. No solo una dieta puede cambiar la patología de base y disminuir el riesgo cardiovascular: la actividad física debe ser incorporada como un hábito normal desde la infancia para poder realizarla y disfrutarla. Está en nuestras manos incorporar hábitos saludables que involucren una actividad física y una nutrición adecuadas. Por eso, no empieces una dieta que terminará algún día: iniciá un hábito de vida que perdurará para siempre.
 


Dra. María de las Mercedes Dabat (M.N. 70.283), médica internista. Certificada en nutrición deportológica. Especialista en trastornos alimentarios.
Esta información que brindamos a través de nuestra página contiene conceptos básicos y generales sobre las temáticas abordadas. Para contar con asesoramiento detallado y personalizado, consulte con su médico de referencia.