En Argentina, el suicidio se convirtió en una de las principales causas de muerte entre adolescentes y personas jóvenes. Se trata de una problemática compleja que no responde a un único motivo, sino a la combinación de distintos factores personales, familiares y sociales.
Por eso, hablar del tema de manera responsable, reconocer señales de alerta y facilitar el acceso a profesionales de la salud son herramientas importantes para la prevención.
Algunos cambios pueden indicar que una persona está atravesando un momento de gran sufrimiento. Por ejemplo:
Una señal aislada no necesariamente implica riesgo de suicidio, pero si los cambios son intensos, persistentes o generan preocupación, es importante consultar.
Preguntar de manera directa y respetuosa cómo se siente una persona no aumenta el riesgo. Por el contrario, puede abrir un espacio para expresar lo que está atravesando y pedir ayuda.
Escuchar sin juzgar, evitar minimizar el sufrimiento y mostrar disponibilidad son formas concretas de acompañar.
Si te preocupa alguien de tu entorno, acercate y preguntale cómo está. Escuchá con atención, tomá en serio lo que expresa y ofrecete a acompañarlo a consultar con un profesional.
El apoyo de familiares y amistades es importante, pero no reemplaza la atención profesional cuando es necesaria.
Si una persona expresa que quiere hacerse daño o considerás que existe un riesgo inmediato, no la dejes sola y buscá asistencia profesional de manera urgente.
En Argentina podés comunicarte con la Línea Nacional de Orientación y Apoyo en la Urgencia de Salud Mental al 0800-999-0091, gratuita y disponible las 24 horas, o con el Centro de Asistencia al Suicida al 135.
También podés recurrir a una guardia o servicio de emergencias.
La prevención empieza generando espacios donde sea posible hablar de lo que sentimos y pedir ayuda sin vergüenza.
Si vos o alguien que conocés está atravesando un momento de sufrimiento intenso, acercarse a profesionales de la salud puede ser un primer paso para recibir acompañamiento.
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