OSDE - Salud y Bienestar

Crianza y pantallas: cómo acompañar a chicos y adolescentes en la era digital

Escrito por OSDE | 22/05/26 19:17

Las pantallas ya son parte de la vida diaria: se usan para estudiar, jugar, mirar videos, comunicarse y buscar información. Pero cuando ocupan demasiado espacio, pueden desplazar experiencias fundamentales para el desarrollo: el juego, el descanso, la actividad física, la conversación y el vínculo con otras personas.

El desafío para las familias no es prohibir la tecnología, sino acompañar su uso con presencia y criterio. Aunque chicos y adolescentes se muevan con naturalidad en el mundo digital, eso no significa que siempre cuenten con las herramientas para reconocer riesgos, regular el tiempo de conexión o tomar decisiones cuidadas. Por eso, el rol adulto sigue siendo fundamental: estar cerca, conversar, poner límites y ayudar a construir hábitos digitales más saludables.

 

Crianza y pantallas: el rol adulto sigue siendo clave

Muchas veces se habla de “nativos digitales” como si los chicos ya supieran manejarse solos en el mundo online. Sin embargo, usar un celular con facilidad no es lo mismo que comprender cómo funcionan las redes, qué riesgos existen o cómo regular el tiempo de conexión.

Por eso, el rol adulto no desaparece: se transforma. Así como acompañamos otros aprendizajes de la vida cotidiana, también necesitamos guiar el uso de pantallas, explicar límites y generar acuerdos familiares.

La presencia adulta no implica controlar todo, sino estar cerca: saber qué consumen, conversar sobre lo que ven, preguntar cómo se sienten después de usar redes y construir confianza para que puedan pedir ayuda si algo los incomoda.  También es importante alertar sobre posibles riesgos ( robo de datos, grooming,  acoso o contactos inapropiados , entre otros).

 

Uso de pantallas en niños: cuando la tecnología reemplaza al juego

En la infancia, jugar no es una actividad menor: es una forma de aprender, crear, frustrarse, resolver problemas y construir vínculos. Cuando las pantallas aparecen como respuesta automática al aburrimiento, al cansancio o a la espera, pueden quitarle lugar a ese desarrollo.

La Sociedad Argentina de Pediatría advierte que la exposición temprana y prolongada a pantallas puede afectar habilidades cognitivas, motoras, del lenguaje y socioemocionales. También recomienda evitar pantallas antes de los 2 años y limitar el uso recreativo en edades posteriores, siempre con acompañamiento adulto.

Esto no significa buscar una crianza perfecta. En la vida real, las pantallas muchas veces ayudan a resolver momentos difíciles. Pero sí invita a revisar hábitos: ¿la pantalla aparece como una herramienta más o como la única respuesta?

Pantallas y adolescentes: acompañar sin minimizar lo que viven online

En la adolescencia, internet también es un espacio de pertenencia. Allí conversan, se informan, se entretienen, construyen identidad y forman parte de grupos. Por eso, minimizar lo que pasa en el mundo digital puede generar distancia.

Acompañar no es decir “eso no es real”. Para ellos, muchas experiencias online tienen impacto emocional real. Lo importante es abrir conversaciones sobre privacidad, redes sociales, comparación, comentarios, exposición, vínculos digitales y tiempo de conexión.

También es clave hablar del funcionamiento de las plataformas: muchas están diseñadas para captar la atención durante el mayor tiempo posible. Por eso, cortar no siempre es fácil. Necesitan herramientas, límites y adultos que también den el ejemplo.

 

Límites saludables: menos pelea, más acuerdos

Los límites no son castigos: son una forma de cuidado. Funcionan mejor cuando son claros, sostenibles y explicados con anticipación.

Algunas pautas que pueden ayudar:

  • Evitar pantallas durante las comidas.
  • Apagar dispositivos al menos una hora antes de dormir.
  • No dejar celulares o tablets en el dormitorio durante la noche.
  • Acordar horarios y espacios de uso.
  • Priorizar contenidos adecuados para la edad.
  • Compartir momentos de pantalla, especialmente en la infancia.
  • Proponer alternativas: juego, lectura, deporte, salidas o actividades creativas.

Acompañar también implica enseñarles a mirar con criterio lo que encuentran en internet. No todo contenido es confiable, no toda información es segura y no todo lo que se publica desaparece. Por eso, hablar sobre privacidad, datos personales, imágenes y huella digital es una forma concreta de cuidado.

El ejemplo adulto también educa

Los chicos observan cómo usamos la tecnología. Si durante una comida, una charla o un momento compartido el celular siempre está presente, ese hábito también comunica.

Por eso, revisar el uso adulto es parte de la crianza digital. Silenciar notificaciones, dejar el teléfono lejos durante ciertos momentos y sostener conversaciones sin interrupciones puede ser tan importante como poner reglas y enseñar con el ejemplo.

No se trata de eliminar la tecnología, sino de recuperar el equilibrio.

La crianza digital se construye todos los días. No se trata de tener todas las respuestas, sino de estar presentes, abrir el diálogo y ayudar a que chicos y adolescentes puedan usar la tecnología de una manera más consciente, segura y saludable.


Te puede interesar…